Cocinas Reales

Cocinas de hoy y de siempre

Cocinas Reales

Cocinas antiguas

Para mí la estancia que dice más de un hogar es la cocina. Estén donde estén ya sea en el campo, ciudad o pueblo me entusiasma ver cocinas de antaño, con sus viejas pilas para fregar, sus grifos antiguos, encimeras con baldosas, sus cubos con leña, cacerolas y sartenes muyyy usadas colgando al igual que cuelgan del techo ramilletes de romero, hierbabuena, hierbaluisa, poleo…
Esos espacios tan auténticos son un regalo para los sentidos. Después de un tiempo reflexionando el porqué de este entusiasmo mío por esas cocinas y mi casi obsesiva búsqueda de estas he llegado a una conclusión, en estas cocinas es como si el tiempo se ralentizara. Antes para hacer un bizcocho, se hacía con calma, se preparaba con tiempo, se metía al horno de leña pero ahora no, todos tenemos un horno turbo, turbo como nuestra vida. Todo es rápido, inmediato, estresante, se nos va el tiempo y no lo queremos perder. Sin tiempo para el aburrimiento. No nos damos cuenta que al hacer las cosas despacio todo es más intenso. Sentémonos pues, vamos a tomarnos un cafecito, charlemos. Ah..el maravilloso arte de charlar….Besos.

LA COCINA DE LA INFANCIA DE BELEN

“Lo mejor de la vida es el pasado, el presente y el futuro”.  Pier Paolo Pasolini

Belén no forma parte de mi infancia, pero sí de la de mi hijo menor, lo cual tiene mucha importancia para mí. Su hijo y el mío empezaron educación infantil en el mismo colegio y desde el primer curso.  Y también  durante toda la primaria y secundaria y hoy en día siguen estando en el mismo grupo de amigos, por lo que puedo decir que  la cocina de su madre no me es del todo ajena, ya que era tema de conversación muy recurrente en nuestras conversaciones. Mi amiga es una mujer tremendamente familiar, de la que tengo que decir  que cocina de maravilla y que cuando era época de pimientos, embotaba,  están en su curriculum  riquísimas compotas de ciruelas y con las calabazas hacía cabello de ángel,  y que todos los años  tenía el detalle de regalarnos un bote a todas las madres que en esa época dorada conformábamos un grupo de amigas con intereses comunes cuando nuestros hijos tenían la misma corta edad.

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ISABEL, LA PRECURSORA

“No perdamos nada del pasado, sólo con el pasado se forma el porvenir”. Anatole France

Hace 17 años que vivo en mi actual domicilio, y recuerdo desde entonces una casita de una sola planta con algo de terreno alrededor y un tendal con ropa colgada al sol y al viento.

Una mesa bajo un árbol en el jardín y tiestos con flores en la ventana y  un bonito y cuidado huerto. Una isla en medio de un mar de nuevas y altas edificaxiones. Esa casita ha sobrevivido al paso del tiempo y, lo que no es menos importante, al gran crecimiento urbanístico que se vivió en muchas localidades como la mía. Isabel, bonito nombre, me cuenta que la construyó su padre, con sus propias manos, con la ayuda de algún familiar. Y Ayer, cuando vi que salía humo de la chimenea pensé que quizás tuviera una cocina de leña y  para mi regocijo así fue. Nos presentamos y le pedí a Isabel que me mostrara su cocina y ella muy amablemente lo hizo, valor por mi parte pero mayor gentileza por la suya. Dos días más tarde y según lo acordado, me personé de nuevo para fotografiar la cocina con su hermosa chapa de carbón, objeto de mis deseos y que de manera instantánea me transportó a mi infancia y que para mi gran sorpresa  descubrí que estaba encendida. Precioso instante. Y Encima de la chapa había una cafetera y el deliciosos aroma del café inundaba toda la estancia, dándole mayor calidez aún si cabe a la misma.

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