Cocinas Reales

Cocinas de hoy y de siempre

ISABEL, LA PRECURSORA

“No perdamos nada del pasado, sólo con el pasado se forma el porvenir”. Anatole France

Hace 17 años que vivo en mi actual domicilio, y recuerdo desde entonces una casita de una sola planta con algo de terreno alrededor y un tendal con ropa colgada al sol y al viento.

Una mesa bajo un árbol en el jardín y tiestos con flores en la ventana y un bonito y cuidado huerto. Una isla en medio de un océano de nuevas y altas edificaciones. Esa casita ha sobrevivido al paso del tiempo y lo que no es menos importante, al gran crecimiento urbanístico que se vivió en muchas localidades costeras como la mía. Isabel, bonito nombre, igual que el de mi añorada madre, me cuenta que la construyó su padre, con sus propias manos y con la ayuda de algún familiar. Y Ayer, cuando vi que salía humo de la chimenea pensé que quizás tuviera una cocina de leña y para mi regocijo así fue. Nos presentamos y le pedí en aquel preciso momento que me mostrara su cocina y ella muy amablemente lo hizo, valor por mi parte pero mayor gentileza por la suya. Dos días más tarde y según lo acordado, me personé de nuevo para fotografiar la cocina con su hermosa chapa de carbón, objeto de mis deseos y que de manera instantánea me transportó a mi infancia. Para mi sorpresa descubrí que estaba encendida  y con una cafetera encima de la chapa y el delicioso aroma del café inundando toda la estancia, instante que supuso un verdadero déjà vu para mí. Precioso y perdurable instante.

Recuerdo ese día nítidamente pues tanto Isabel como su marido Jose Mari, que resultó ser tan amable como ella y que reaccionó maravillosamente ante lo que era un pequeño asalto, me recibieron con naturalidad y cercanía . “No quiero molestar demasiado” les dije con cierto apuro, pero ellos estaban sonrientes y enseguida pusieron a mi disposición, sus jarrones, ristras de pimientos e incluso alguna que otra sugerencia sobre como tomar fotos. Insistí en su preciosa chapa y ella se acordó de un molinillo de grano antiguo que “vete a saber dónde estará”. Yo, permitirme la licencia coloqué uno en su lugar . Amo lo antiguo, por lo usado y por lo vivido. Al rato ya parecía que nos conociéramos de toda la vida. ¡Qué vivan esas conexiones improvisadas que la vida nos tiene reservadas en algún lugar de nuestro recorrido por ella!.

Esta es la entrada a la casita de Isabel, con la ventana que da a la cocina. Es una construcción sencilla que apenas ha cambiado con el paso del tiempo, ahí radica su encanto y…cuando llega la primavera se inunda de preciosas flores que todo el mundo admira al pasar por su puerta.

Entremos, nos están esperando…

Así es Isabel, cero postureo, cien por cien naturalidad, pertrechada con mucho desparpajo, sonrisa franca y sentido del humor. Una nueva amiga.

Desde mi segunda visita en la que hice las fotos, he pasado para saludar en unas cuantas ocasiones, es lo menos que puedo hacer, ya que gracias a las fotos de su cocina he podido inaugurar esta sección de cocinas antiguas o visto bajo otro prisma, cocinas de la infancia. Isabel siempre me recibe con una gran sonrisa. Sólo por conocer a personas tan entrañables como Isabel y Jose Mari merece la pena haber comenzado este blog.

Esta es la ”mágica” chapa que me transportó a mi infancia. Puede que a vosotr@s os ocurra igual.

La pila, que lo mismo servía para fregar los platos que para lavar o incluso bañarnos de pequeños. Recuerdo que también se lavaba la ropa frotándola contra la  tabla de lavar de madera. ¡Eso es versatilidad y arduo trabajo!.

He puesto el columpio que el padre les construyó a ella y a sus queridos hermanos. Es obvio que me gustó. Isabel quiero darte las gracias de nuevo porque con tu amabilidad yo he vuelto a mi infancia, tu chapa lo hizo realidad. De alguna manera me reconcilia con mi la niñez porque a veces se me antoja que está demasiado lejos. Tal vez a vosotr@s os pase igual.

¡Muchas gracias y hasta siempre!.