Cocinas Reales

Cocinas de hoy y de siempre

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ARROZ CON LECHE

Mi taza de arroz con leche

El arroz con leche, un postre de toda la vida.

Conseguir que quede cremosito conlleva hacerlo despacito, sin prisa, siempre cuidando que no se agarre al fondo, tienes que mimarlo, quedarte a su lado.

Os explico como lo hago: pongo en el fuego litro y medio de leche entera, nada de leche desnatada o semidesnatada.  Es preferible comer menos cantidad, pues la nata de la leche entera es necesaria para que quede cremoso si no te quedará un arroz con leche muy líquido, deslavado. Junto con la leche añádele una mondadura de limón, teniendo cuidado al pelarlo y que no se quede en la cascara mucho blanco, procurando que sea la peladura lo mas amarilla posible. Una vez que la leche esté caliente pero sin que llegue a hervir añado un tazón de arroz y la misma cantidad de azúcar. Lo remuevo y cuando hierva, bajo el fuego, de tal forma que se haga despacito, al chup chup, y el resto es vigilarle, yo diría que hay que contemplarle y de vez en cuando probarlo para ver como va de dureza el grano y remover y remover suavemente, acariciándolo.

Lo presento en tazas, tazones o cuencos que me gustan y el resultado queda mucho más apetecible aún si cabe.

Es un postre sencillo pero muy rico. Un arroz con leche conseguido es comparable a cualquier postre con más elaboración. ¿Estáis de acuerdo conmigo?.

ISABEL, LA PRECURSORA

“No perdamos nada del pasado, sólo con el pasado se forma el porvenir”. Anatole France

Hace 17 años que vivo en mi actual domicilio, y recuerdo desde entonces una casita de una sola planta con algo de terreno alrededor y un tendal con ropa colgada al sol y al viento.

Una mesa bajo un árbol en el jardín y tiestos con flores en la ventana y  un bonito y cuidado huerto. Una isla en medio de un mar de nuevas y altas edificaxiones. Esa casita ha sobrevivido al paso del tiempo y, lo que no es menos importante, al gran crecimiento urbanístico que se vivió en muchas localidades como la mía. Isabel, bonito nombre, me cuenta que la construyó su padre, con sus propias manos, con la ayuda de algún familiar. Y Ayer, cuando vi que salía humo de la chimenea pensé que quizás tuviera una cocina de leña y  para mi regocijo así fue. Nos presentamos y le pedí a Isabel que me mostrara su cocina y ella muy amablemente lo hizo, valor por mi parte pero mayor gentileza por la suya. Dos días más tarde y según lo acordado, me personé de nuevo para fotografiar la cocina con su hermosa chapa de carbón, objeto de mis deseos y que de manera instantánea me transportó a mi infancia y que para mi gran sorpresa  descubrí que estaba encendida. Precioso instante. Y Encima de la chapa había una cafetera y el deliciosos aroma del café inundaba toda la estancia, dándole mayor calidez aún si cabe a la misma.

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OPEN SHELVING O KITCHEN SHELVING

Balda de madera de la que cuelgan tazas de diferentes tamaños y colores. Encima hay dos tarros , dos botes, una plancha y un molinillo antiguos.

Os gustan las baldas en la cocina? Y poner los platos, vasos, copas, tazas, tazones y tacitas además de un sinfín de enseres que se usan en la cocina. Pues eso para l@s que no los sabíais amig@s es lo que viene a representar el título de este post, lo cual conlleva a dejar todo expuesto a la vista. Estoy segura que a much@s de vosotr@s os horrorizará la idea y otr@s os encantará , en esta cuestión no existe el término medio, y yo puesta a decantarme lo haré en el extremo, en el de las que les parece estupendo. Ya sé que estoy obviando muchas cosas, el polvo, el orden, la homogeneidad, pero que le voy hacer, me gusta el desenfado y no me negaréis que este tipo de cocina son muy heterogéneas, en ocasiones eclécticas, muy coloristas y con cierto punto de descaro que me encanta y nada nada aburridas. Son el contrario del minimalismo, estilo que ya en el post anterior dejé constancia mi opinión. En todas las ciudades hay tiendas en las que podemos adquirir un menaje tan bonito y adaptado a nuestro gusto y presupuesto que es una pena que se queden ocultos en los armarios de nuestras cocinas. ¡Basta ya de las cocina en perfecto orden de revista!, abogo por la comodidad, por simplificar nuestro trabajo en ellas para poder sentirnos a gusto en esta estancia, incluso para l@s que no cocináis. Conversar, tomar café y relajarnos en la cocina es una buena idea, fuera del ruido de la sala o salón donde la tele ocupa su omnipresente lugar.

Y ya me despido hasta el próximo post, deseándoos a tod@s un buen día.

MINIMALISMO

“La vida interior necesita una casa confortable y una buena comida.”  David Herbert Lawrence

Hace ya algunos años una tendencia “el minimalismo “ invadió por así decirlo muchos aspectos de la vida. Todo lo “IN”, era minimalista, recuerdo esas pasarelas con chicas escuálidas y caras blancas, que estoy segura que también lo estarían debajo del maquillaje gracias a la no ingesta de alimentos y a la notoria falta de nutrientes por lo que no habría hecho falta maquillarlas de blanco para darles esa falsa apariencia de levedad necesaria para llevar unas prendas sin ningún tipo de adorno y que a mí me parecían aburridas hasta el desmayo.

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Bendita infancia

La idea de crear este blog fue al principio la de fotografiar y describir esas cocinas de antes, sin lujos, casi sin electrodomésticos , que han sobrevivido al paso del tiempo y a las reformas. Mi infancia y la cocina van de la mano.  Aún recuerdo la vieja pila que servía de fregadero y lavadero, veo nítidamente a mi abuela frotar la ropa contra la tabla de madera de lavar.

Aquel mueble de cocina antiguo, la chapa de carbón que muchos años después fue sustituida por una cocina de butano. Nada de campana extractora, ventanas abiertas, por eso según ibas subiendo las escaleras, podías saber que se cocinaba en las casas de tus vecinos, y al llegar a la tuya comprobabas con horror antes de abrir la puerta que tocaban alubias, tan denostadas por mí en aquellos tiempos y qué no daría yo ahora por volver a comer, guisadas por la buena mano de mi abuela.

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